
A la cuadra donde vive Ana María Sánchez la llaman "la favela vip": está llena de problemas. La gente va y viene entre el barro. Varios se quejan. Ella sigue atendiendo la heladería sin habilitación que improvisó en su casa. "De algo tengo que vivir", se justifica entre los tachos. Al rato juega con una grieta que apareció en la pared y marca una línea imaginaria en la puerta, medio metro sobre el suelo. "¡Hasta acá llegó el agua la última vez que llovió!"


